Se trata del testimonio del caballo ciego "Compuvieja", el que, tras pasar su vida entera sin ver, alcanzó a vislumbrar lo que sucedía a su alrededor; acabando por comprender que, a la final, era mejor así.

Discriminatoriamente denominado "Compuvieja" por los petiseros del haras en el que moraba, los que decían que lo llamaban de ese despectivo modo porque no funcionaba con Vista(R). Este portentoso y bien torneado equino nació lamentablemente sin capacidad visual, la que sumada a cierta torpeza natural en la realización de movimientos, lo llevó rápidamente a un lejano confinamiento en un campo vecino al haras.
En dicho paraje no habitaban otros ejemplares de su género, solo cuatro sombríos chanchos, un par de gallinas desvencijadas y una familia compuesta por una pareja de abuelos y varios de sus nietos, a los cuales de tanto en tanto visitaban sus padres; que habían marchado a trabajar en el haras.
Lo cierto es que los días de Compuvieja se diluían uno a uno, cuales manchas del mismo tenor, color y volumen. La monotonía solo se interrumpía cuando los alborotados niños jugaban a su alrededor y, mientras estos se contaban historias de la ciudad o hablaban de la belleza del paisaje agreste, él solo soñaba hilvanando imágenes generadas por su mente.
Había sido un prospecto de gran relevancia para el stud "Yobacas del más allá", de donde provenían sus padres; los que fueron los mejores elementos con que hubo contado dicho establecimiento, aunque sin éxitos resonantes en las pistas por parte de ninguno de los dos.
Su papá fue el mítico "Always luxado", mítico por lo apacible y bonachón; ya que en competencia su mejor marca fue un cuarto puesto en La Plata, en accidentada carrera. En tanto su madre, la yegua "Alerón fulero", alcanzó mayor notoriedad con un triunfo en el clásico "Cruzandoeldizcotlán", disputado en la ciudad de Cuzco, Perú; ante media docena de potrancas locales.
Jubilosa y desoladora a la vez fue la expresión de quienes vieron nacer a Compuvieja. Jubilosa por la facha del bicho: un alazán negro de pelo brillante y con un tamaño bastante mayor al promedio, desató la algarabía.
Minutos más tarde descubrieron los veterinarios la completa ceguera que encendió el desconsuelo.
Cierta noche desde el galpón en el que el caballo descansaba, alcanzó a oir las voces de los niños de la casa que gritaban alegremente: ´tenemos un perro!!!´
Compuvieja se sintió un poco más solo y siguió durmiendo, entretanto oyó que la abuela decía ´qué viva con el caballo´.
Lo despertaron los fuertes ronquidos de Foor-hes (el benévolo), se percató de que era un perro joven y fornido por la potencia de su pulmones, se levantó, empujó la puerta con la cabeza y se dirigió lentamente al monte a seguir con su rutina de imaginar lo desconocido.
Al poco tiempo, el alazán se sintió sumido en una profunda depresión; iba alcanzando la madurez y empezaba a asumir que sus anhelos eran inalcanzables. Nunca percibiría el color, el rostro de los niños, su propia imagen reflejada en el espejo de agua; comenzó a pasar más horas en el galpón, casi sin salir y ya casi ni jugaba con los niños... Trataba de dormir para seguir soñando.
Ni lerdo ni perezoso, el todavía joven pero ya sabio Foor-hes (el benévolo) no tardó en percatarse de la situación. Tras observar con detenimiento durante varias jornadas la actitud del caballo, decidió intervenir. Intuyó que la falta de autoestima y la desdicha del equino necesitaban de un baño de luz y emoción; y ese baño solo podría ser provisto por añlguien con un espíritu superior, y que otro que nuestro mesías podía tomar riendas de tan ardua y majestuosa tarea...
Y justamente de las riendas fue que lo tomó a Compuvieja en aquella mañana de lluvia, al Benévolo nuca le agradaron las tormentas, así que había decidido pasar esas horas encerrado con el caballo; y fue así que, tras despertarlo y analizar la situación por unos instantes, se lanzó a monologar...
"Che macho!!!... Eh fiera!!!, dame bola un minuto!!!", sonaron las primeras y firmes palabras del benefactor.
"Dejá de mariconear por lo que te estás perdiendo y empezá a disfrutar, maestro. Hasta cuando pensás construirte un destino tan inmaculado cómo inalcanzable?, siendo ese mismo destino el que sume en el más áspero sufrimiento a todos tus congéneres.
Y te hablo de los caballos de carrera, por ejemplo, a esos que admirás y envidiás tanto.; porque sabés que ese era tu marcado porvenir. Ellos son obligados a correr desde que empiezan a caminar, tengan o no ganas y son sometidos a duros golpes tanto en entrenamiento como en carrera; sin contar que participan de un mercadeo vil e interesado, en el que los únicos que nunca tienen premio son ellos: los verdaderos protagonistas.
Todo esto si no querés contar a los que no tienen tu porte ni tu musculatura. Y llegan a la ciudad para trabajar de sol a sol hasta que mueren de hambre o de cansancio.
O los que cargan fornidos agentes policiales en su montura, agentes que los apalean permanentemente y apalean a quien pase cerca.
O terminan sierviendo para deportes elitistas, circos, exposiciones, fotos, paseos ridículos y espectáculos chabacanos, en los que siempre los que se llevan el rédito son otros.
Quedando claro que si cualquiera de ellos sufre un accidente que les provocase algun tipo de seria lesión en patas o manos e inmediatamente son condenados a un sacrificio salvaje.
Sabés que todos ellos sufren día a día añorando lo que vos tenés?: vida salvaje, naturaleza a tus patas, el aroma a tierra mojada cuando llueve, el árbol que vos elijas para cobijarte en verano, decidir cuando correr, cuando dormir, cuando pasear. Sin golpes, sin bozales, sin anteojeras, sin monturas.
Y tu pinta nene !, te sobra look como para exponerte, pero que no me escuchen a ver si te vienen a buscar. Tus ojos renegridos, esos ojos que nada ven pero todo lo dicen, es más, me parece escuchar hasta una risotada en ellos cuando comparten la mañana con los niños de la casa.
Esos niños que tambien están orgullosos de su caballo, aunque no lo puedan montar, están orgullosos de tener un caballo que no les puede obedecer, pero que les puede compartir.
Nunca los escuchaste decir: Cómo brilla Compuvieja! ???, ese brillo no es más que tu delicado y armonioso pelaje que rebota a la luz y que haría relinchar de emoción a más de una yegua campeona.
Por lo tanto, mi querido alazán, dejémonos de jorobar con tonterías de depresión o bajones improductivos, salgamos a disfrutar de la vida y corramos, pero corramos porque queremos, corramos, porque nos gusta y corramos aunque caigamos.
Porque tus caídas, estimado equino renegrido, no son rídiculas, son graciosas. Y no provocan lástima sino ternura.
Y yo hasta acá llegué, mañana en alguno de nuestros paseos de la mañana, ya no me vas a oir ni sentir cerca tuyo, me vuelvo a la ciudad, acá no hay nada más que hacer."
Compuvieja ya no volvería a deprimirse...
Y así fue como al día siguiente Foor-hes (el benévolo) emprendió la retirada con la satisfacción del deber cumplido, había sumado un nuevo poroto a su foja de solidaridad. De lo que no se percató el mesías canino fue que por suerte su monólogo con el caballo no se convirtió nunca en diálogo, puesto que todavía no lograba interpretar el lenguaje equino.
Por lo tanto, nunca se enteró de que aquel caballito ciego despues de intuir que su mentor se alejaba para siempre, le gritó en un relinche de agradecimiento....
"Gracias, perro copado. Algún día merecerías tener tu propio weblog !!!"